29 abr. 2009

REINO DESTROZADO...

El reino de la princesa, y con él la princesa misma, parece estar llegando a su fin. En el preludio de una muerte anunciada, hoy fui informada de que mi amor se va, sospecho que para siempre... Fue su cara de honda pena la que me hizo dar el paso... Es cierto que mi corazón está destrozado, pero me parte el alma ver el sufrimiento casi agónico de mi amor por la situación que estamos atravesando en medio de un imposible triángulo amoroso que desde hace dos meses sacude nuestras vidas, aunque yo me enterara mucho más recientemente...
Me acerqué a ella, y le dije que no podía verla así... que a mí me desgarraba su marcha, pero más me destroza el alma ver su sufrimiento inhumano, su infelicicdad inmensa. Simplemente no podía permitir que esto ocurriera. Así que en un acto de amor suicida por mi parte, sin casi ni saber cómo pudieron salir esas palabras de mi boca, le rogué que se marchara... Que no podía estar así aquí. Que debía volar libre en busca de la persona con quien quería estar. Que ojalá, el otro vértice del triángulo pudiera darle la felicidad que yo no la supe dar, y que ojalá le transmita todo el amor que yo, teniñendoselo, no le supe transmitir...
Así que dada la tesitura acabó por admitir que entonces creería que se iría... Que se odiaría toda su vida por hacerme esto, pero que no podía seguir. Todo este panorama aderezado por dos chicas abrazadas en un eterno despido, y bajo un mar inmenso de mutuas lágrimas. Yo le dije entonces que odiarse no era una opción, dado que debía prepararse para ser feliz con su verdadero amor, o para ser más exactos, con el amor que lleva ventaja en esta carrera, y que por desgracia no soy yo, y para amar y ser feliz odiarse no era una opción. No quererse a sí misma es una cosa, pero odiarse, eso no lo puedo permitir...
Así pues, ante la constatación de lo que se veía venir, se me acabó por caer el mundo encima y fue en ese momento cuando saltó en mí el sentido de supervivencia, y le pregunté: ¿entonces se ha acabado todo, no? No queda el menor resquicio, la menor esperanza... Ella de repente no pudo articular más palabras... Lo que en un principio fue un intento mío por ayudarla a dar un salto que yo jamás desearía que diera, se tornó en intento por tratar de recuperar lo poco que me queda de ella, que aún asi sigue siendo inmenso... De repente, toda su seguridad en irse de hacía escaso 5 minutos volvió a tornarse en duda... Volvió a no saber que hacer, a no saber cuál de las tres "anónimas" que coexisten en su interior era más fuerte, si la parte que quiere quedarse conmigo,, si la parte que quiere irse con su otro amor, o si la parte que quiere irse lejos, muy lejos, y cuando llegue muy lejos, irse aún más lejos... Son tres fuerzas que chocan constantemente entre sí y que le impiden ver ´cuál es más fuerte. Implora comprensión y pregunta que por qué nadie es capaz de entender que no tenga nada claro, y que de lo que está segura ahora, a los 5 minutos se torna insegura, y vuelven sus dudas. En todo caso da igual porque el cálculo probabilístico juega en mi contra por dos tercios de "anónima" contra uno... Así pues finalmente el adiós sigue sin tornarse definitivo, pero todas las cartas juegan en mi contra...
En mi desesperación, le dije que ojalá aquellos susutos que tuvimos, aquellas faltas suyas en la regla, no hubieran siso tales sustos y si niños... Admitió que las cosas hubieran sido muy distintas... Nos echamos en cara no haberlo propuesto ninguna de las dos... Siempre faltó comunicación en nuestra pareja. Y allí me quedé yo lamentando que nuestra Alexandra, aquella niña que habíamos hablado y pensado en tener algún día, ya nunca llegará.
En aquel instante, no se cómo le salieron esas palabras de la boca, no se si realmente lo dijo en serio, o si era un intento de consuelo, o si simplemente eran divagaciones, me dijo que yo también podría ser la mamá de Alexandra igualmente...
Mi respuesta fue: ¿¡¡¡Cómoooo!!!? Ella dijo que para tener niños hacía falta un óvulo y un espermatozoide, y que dos mujeres biológicas carecían obviamente de espermatozoides...

Por un instante me sentí halagada, hasta reconfortada... Pero pasado ese instante.. ¿cómo podría yo sobrellevar el hecho de tener una hija que no viviría conmigo, ni tampoco a su madre que era (y es) la persona con la que yo quería (y quiero) pasar el resto de mis días? No, inviable. Insoportable sería para mí, por mucho que pudiera ver a mi Alexandra siempre que quisiera, por mucho que a mi Alexandra nunca le ocultaran su verdadero origen.

Por tanto, así han quedado las cosas... Más o menos igual que antes, (sigo con la casi desgarradora certeza de que se me irá antes o después, y a la vez sigue existiendo ese halo de esperanza que todavía me une a ella), pero un poco peor para mis deseos. ¿Por qué? Porque ahora ya han entrado en juego las matemáticas, y en el cálculo de probabilidades salgo perdiendo.

En un último intento, le dije que si nos amábamos las dos y sabíamos en qué la habíamos cagado antes, con buena voluntad y olvidándonos las dos de terceras personas (Bohemia, entiende que esto tendría que ser así para tener alguna posibilidad...), podríamos lograrlo... Ella respondió que mi planteamiento tenía lógica, pero solo en el caso de que fuera un asunto de nosotras dos. Pero no lo es: también es un asunto de Bohemia, y que ella no podría perdonarse nunca el quedarse aquí el tiempo que fuese, para luego no ser capaz de superarlo y hacerme volver a pasar de nuevo por lo mismo...

También me dijo, y me llegó al alma, aunque eso ahora no sean más que migajas para mí, que cómo podría olvidarme nunca, olvidar a la primera persona en toda su vida que creyó en ella y que la quiso de verdad... Que siempre estaría en su corazón, que un pedazo de su corazón sería de mi propiedad siempre, y jamás nadie me lo quitaría...

Así que la agonía de una muerte anunciada continúa... No hay respuesta definitiva aún, pero convéncete Bohemia, eres la primera opción... La única diría yo.

Yo mientras tanto, voy exhalando mis últimas bocanadas...

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